Soy un ser precioso que comete errores

Según el calendario gregoriano (ese que tiene que poner años bisiestos para que cuadre) hoy cumplo 47 años. Pero según los tiempos astrales, fue ayer a las 19:18 cuando completé la 46aba vuelta al sol.

Siempre sentí muy fuerte las energías de la Rueda del Año pero no fue hasta hace relativamente poco que no empecé a comprender qué eran los cambios que notaba. Recuerdo ya de muy pequeña esa sensación de explosión de energía y alegría que me inundan por estas épocas y, como no me había llegado la tradición oral y cultural que reconoce los procesos de cambio en la Naturaleza, lo atribuía a que era una flipada con mis cumples. Mis fiestas de celebración eran sonadas. Ahora siento que era esa sabiduría innata que me habita la que clamaba por celebrar Imbolc y la llegada de la Luz. Una sabiduría colectiva que ha sido fuertemente sepultada por milenios de judeo-cristianismo pero que sigue vive y latente en todos los vientres y corazones. Como una semilla enterrada que duerme esperando a recibir agua y nutrición para despertar de su letargo y crear aquéllo por lo que ha sido creada.

Ayer, después de una semana terrible, dura, en la que Kali se manifestó ante mí con toda su fuerza, poder e implacabilidad; en la que tuve que sostener a fantasmas y heridas que se abrían mientras por fuera debía gestionar conflictos difíciles e incluso invasiones y ataques verbalmente violentos. En la que mi furia más animal se desató desbocada y tuve que amarrarla con fuerza para que pudiera correr salvaje sin dañar a nadie (no puedo alardear de un trabajo impecable jeje). En la que lloré, lloré y lloré y tomé a mi niña interior con ambos brazos y le repetí una y mil veces “-Te amo, preciosa. Tal y como eres. Con todas tus luces y tus sombras. No tienes nada malo. Eres un ser precioso que sigue cometiendo errores y teniendo dificultades. Quien te rechaza y ataca; quien te juzga y menosprecia es porque tiene una discapacidad muy grande y dolorosa para ver el amor en otros eres y, por lo tanto, en sí misme.”

Ha sido una semana muy difícil de transitar pero estoy muy feliz y me siento empoderada porque estas situaciones me demuestran que con el caminar voy adquiriendo cada vez más consciencia y recursos para sostener mis heridas y discernir lo que es mío y lo que no lo es. Aprendiendo poco a poco, pasito a pasito, a ver, comprender, integrar, no juzgar, sostener,… Veo los paisajes internos donde aún tengo que poner más luz y comprensión; los espacios en los que mi energía me pide más sostén y meditación; los pasos que no sé dar aún con firmeza; los ataques que aún no puedo esquivar;… Y veo también los tránsitos en los que mi caminar ha adquirido consciencia plena y presencia; los impactos externos cuyo tambaleo puedo sostener sin reaccionar desbocadamente; la solidez que va adquiriendo mi masculino para sostener a mi femenino de fuego; la enorme capacidad de comprensión, aprendizaje e integración que todos estos años de práctica, introspección y meditación me han regalado.

Entro a los 47 con los pies firmes en la tierra y el poder que me da saber que como la Luz, el hijo Sol, Perféfone,… puedo bajar a las mazmorras de mi alma, al Inframundo que me habita y no perderme allí, sino ser capaz de abrir bien los ajos y el corazón en ese espacio aterrador a veces, para sanar y renacer con Luz, brillante, radiante, nutritiva y fuerte.

Sé que voy a volver a caer, a tropezar, a pillar cacho, a errar, a dañar,… Soy consciente sobretodo de la falacia new age de “yo esto ya lo tengo sanado así que ya no hace falta que lo mire…”. No. La fuerza me la da que sé que mis heridas forman parte de mi geografía interna y no desaparecerán ni con la barita de Hermione. Por eso, camino cada día con más fuerza. Porque sé que cuando vuelvan a abrirse tengo recursos para abrazarlas y seguir aprendiendo.

Ayer en mi ritual de paso, nutrida por las enseñanzas de mi amada Carolina Aldana de La Vida en Espiral sobre el manejo de la magia, sembré la semilla del propósito de Imbolc para este año, encarnada por unos frutos de alquejenje que me regaló mi también amada Mire Berdún de La Encantada y con su agua diamantina que conservo como oro líquido que me nutre a mí y a las personas que vienen a mi consulta.

Ayer, volví a sentir la fuerza del trío mágico: la sacerdotisa (Caro), la bruja (Mire) y la alquimista (yo). Tres fuerzas femeninas largamente prohibidas que están resurgiendo de la Oscuridad de los últimos siglos para volver a ocupar su lugar de sabiduría y nutrición en este mundo herido que clama por sanar.

Hoy me regalo esta frase para mi cumple: “Soy un ser precioso que comete errores.”

Bienvenida vuelta 47. Estoy lista para caminarte.