La danza de los siglos

Te cubriré de susurros
Te pintaré la piel de besos
Acariciaré con mi olfato tus rincones más tiernos
Con mis caricias
nadaré por tu cálido cuerpo.
Con mi pelo te haré cosquillas
y mis pestañas hablarán con tus mejillas.
Bailaré encima tuyo el nombre de la cobra
Cantaré con gemidos curvas salvajes
y danzas antiguas que sabíamos antes

Antes
Antes del ayer
Antes del amanecer
Del amanecer oscuro
en el que perdimos
la llave del placer,
en el que nos giramos
y nos olvidamos
del tiempo sin tiempo,
de la tierra sin suelo,
del hablar sin palabras,
de escuchar en el viento.
En el que nos giramos
y nos olvidamos de mirarnos.
Perfectos extraños.
Tan cerca que nos hacemos daño

Y por eso invocaré
encima de tu piel
a todas las diosas
que ese amanecer
quedaron sepultadas en el ayer.
Con mis dedos descubriré los secretos olvidados
de los dioses enterrados
que volverán a nacer.
En tu piel

Con mis uñas arrancaré el barro antiguo
que cubrió todo tu saber,
todo tu poder
de provocarme placer

Y entonces,
cuando el recuerdo te sacuda,
quitaré la venda de tus ojos
y, en mi piel desnuda,
verás el brillo de la diosa;
verás manadas de lobas
de serpientes oscuras
y me sentirás trotando
por antiguas llanuras
salvaje y pura

Mi pelo flotará al viento con movimiento lento.
Mis ojos entornados, volverán a aquel tiempo del pasado.
Y, cuando finalmente, mi vientre reviente
y derrame enjambres de húmedas mariposas
y eternos mares de pétalos de rosa,
entonces, mis brazos lanzarán un grito al Universo
para que se haga eco
y rompa las cadenas del olvido
y miles de hombres y mujeres que anestesiaron sus sentidos
y perdieron las manzanas en el jardín prohibido,
despierten al placer infinito

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