La eyaculación femenina 1. Mujeres que se corren a chorros

Las mujeres tenemos próstata y su función es eyacular. En otras culturas no sólo es normal que las mujeres eyaculen sino que es una parte importante de los encuentros sexuales, así como en la nuestra, en prácticamente todos los intercambios sexuales dónde interviene un hombre, éste eyacula.

MUJERES QUE SE CORREN A CHORROS
En la cultura Batoro de Ruanda, en el rito de paso de niña a mujer, las adultas enseñan a eyacular a las que se están iniciando, en un ritual llamado Kachapati, literalmente “rociado de las paredes”. Es tan natural que las mujeres eyaculen, que en una sociedad que es tan patriarcal como la nuestra, la que no lo hace es rechazada como mujer “casadera”.
En América, las mujeres Mohave también eyaculan. En la Polinesia, se sabe que lo hacen como mínimo las mangaianas y en la Micronesia las mujeres de la isla Pohnpei.
En la antigua China taoísta ya se escribían textos sobre sexualidad en los que se mencionaban y describían los diferentes fluidos corporales que las mujeres emanan en el intercambio sexual y se explicaba técnicas a los hombres para que lograran que sus amantes eyacularan.
En la India encontramos uno de los textos más antiguos sobre sexualidad, el Ananda Ranga. En él también se habla de un líquido, el Kama salila o agua de la vida que es vertido por las mujeres durante el orgasmo.
En ambas culturas asiáticas se distingue muy bien entre el fluido lubricante y el eyaculatorio. Hablaremos de ellas en otro artículo.

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MITOS Y LEYENDAS
¿Por qué hay mujeres en todo el mundo que eyaculan y en nuestra cultura son tan pocas las que lo hacen a voluntad? La clave está precisamente en “nuestra cultura”. En nuestro imaginario colectivo se cree que las mujeres no eyaculan entre otros motivos porque la eyaculación es la emisión de semen (como líquido en el que se transportan los espermatozoides) y como las mujeres no producen semen/espermatozoides, no eyaculan.
Pero muchas personas oyen de mujeres que eyaculan y buscando información lo único que encuentran son escenas de actrices porno expulsando por el coño fuentes de un líquido desconocido o textos sobre expertas en sexo tántrico que hablan de un néctar de los dioses que expulsan por la vagina en actos y rituales sagrados. Estas referencias crean una idea de que para eyacular o hay que ser una actriz porno o una diosa del sexo tántrico. Si bien es verdad que ambas tienen más facilidades para eyacular que el resto por una simple razón: la presión cultural judeocristiana o se la suda o les cae lejana.
También se confunde la eyaculación con orina. Confusión alimentada por la ignorancia científica ya que, al no ser ésta una función básica para la reproducción, no se ha estudiado hasta hace bien poco y mal. Pero el líquido que expulsa una mujer cuando se corre no es orina[i].

TABÚ SOCIAL
Eyacular es mojar la cama o mojar a la persona con la que estamos. El hombre se corre en la espalda, barriga, cara, boca o cualquier otro orificio de su pareja sexual sin ningún tipo de tapujo. Si mancha, luego se limpia y listo. Que la mujer empape a su compañero ya es harina de otro costal.
Muchas mujeres han vivido experiencias desagradables con hombres que han tenido reacciones de asco y/o rechazo al ser rociados por sus compañeras de cama. Muchas. Y ese hecho les ha generado un bloqueo en el menos malo de los casos. En el peor, han caído en manos de un ginecólogo misógino que les ha extirpado la glándula de Skene para “curarlas de la incontinencia urinaria”. Y esto no es una exageración. En 2014, cuando se publicó la entrevista de Diana J. Torres en el blog de Seda Calenta (www.sedacalenta.cat), una mujer escribió un mensaje privado contando que a ella le acababan de hacer esa intervención quirúrgica unos meses antes. Por desgracia en ese momento ignoraba todo lo relacionado con la eyaculación y al leer el artículo se quedó horrorizada.
Así que, como advertimos siempre en los talleres: “En caso de duda NO consulte a su ginecólogo” (a menos que sea una persona sensibilizada con la salud sexual de las mujeres, cosa que no siempre es así, aunque suene contradictorio.)

CIENCIA MISÓGINA
Lo que ocurre con ginecólogos que extirpan la próstata (conocida como glándula de Skene) a muchas afortunadas que se corren a chorros sin siquiera pretenderlo, no es porque la ciencia desconozca la existencia de la función eyaculatoria femenina, sino por la visión científica de la sexualidad femenina fruto de milenios de estudio desde ópticas patriarcales.
En la Grecia clásica se hablaba de un semen femenino relacionado con la reproducción. Lo encontramos, por ejemplo en textos de Pitágoras (570–510 a.n.e.[ii]) y Empedocles (490–430 a.n.e.).
El “padre de la medicina”, Hipócrates de Cos (460–375 a.n.e.), creía que el sexo del bebé se basaba en la fuerza y volumen de la eyaculación, más específicamente el esperma que eventualmente fertiliza el óvulo. La prueba de que las mujeres emitían esperma, según Hipócrates, era ésta: “Muchas mujeres han dado hijas a sus maridos y luego, acostándose con otros hombres, han producido hijos… Esta consideración muestra que ambos, hombre y mujer, tienen esperma masculino y femenino”.
En los Tratados Hipocráticos podemos encontrar un intento de descripción del orgasmo femenino: “Una mujer también emite algo de su cuerpo, a veces hacia el útero, que entonces se humedece, y a veces también hacia el exterior… si su deseo es excitado, emite antes que el hombre.” Mientras que Hipócrates identifica una emisión de algo (semen) hacia el útero que da apoyo a la reproducción, no se refiere a la emisión femenina de fluido eyaculatorio como lo hace en el caso del hombre.
La primera referencia a una emisión de líquido durante la relación sexual placentera que no se refiere a semen femenino en el contexto reproductivo se atribuye a Aristóteles (384–322 a.n.e.), quien afirmaba además que podía ser más copiosa que la masculina. Aunque también afirmaba que se daba más en mujeres de complexión pálida y delgada y “femeninas” que en aquéllas que tuvieran la tez morena y fueran más “masculinas”[iii] Esta bizarra observación hay que enmarcarla dentro del pensamiento misógino aristotélico según el cual “la hembra es hembra en virtud de una cierta falta de cualidades.”
Claudio Galeno de Pérgamo (129–200 n.e.[iv]), considerado el último gran doctor de la antigüedad, con más y mejores conocimientos sobre anatomía que el filósofo Aristóteles, rechazaba la doctrina seguida hasta entonces por la ciencia según la cual la mujer era una réplica imperfecta del hombre y aseguraba que, como los hombres, las mujeres necesitaban eyacular a intervalos regulares para evitar dolores por acumulación, como observaba en viudas o en otras mujeres no activas sexualmente.
Otro gran médico al que la medicina occidental debe mucho es el persa Ibn Sı¯na¯ (En latin: Avicenna, 980–1037 n.e.), cuyos trabajos son equiparables e incluso superan en algunos puntos a los de Hipócrates o Galeno. Avicena también menciona los fluidos femeninos emitidos durante el placer sexual aunque no se puede distinguir exactamente si se refiere al líquido lubricante de las glándulas de de lubricación (llamadas de Bartolino) o al fluido eyaculatorio de la próstata (llamada también glándula de Skene)

BARTOLINO vs. SKENE
Y es que la diferencia entre estos dos fluidos no ha sido clara durante muchos siglos aunque sus finalidades, momento de secreción, composición y textura son diferentes. Las glándulas de la lubricación se encuentran cerca del orifico de la vagina y sus dos conductos finalizan a lado y lado de ésta. El líquido que secretan sirve para mantener lubricada y por tanto protegida, la vulva y el volumen secretado aumenta con la excitación, en principio para facilitar en caso de haberla, la penetración vaginal. Este líquido varía de mujer a mujer, según el momento del ciclo menstrual, con el estrés, la toma de ciertos medicamentos, el tabaco, los porros, etc. [v] Para el tema que nos atañe en este artículo, apuntaremos sólo que el aumento de secreción lubricante se da al comienzo de la excitación femenina (que no quiere decir que la mujer quiera ya introducir un pene en su vagina).
La eyaculación, en cambio es un líquido que se expulsa en un momento de clímax por estimulación y cuya composición es prácticamente idéntica al líquido prostático (evidentemente sin el añadido del fluido de origen testicular en el que están contenidos los espermatozoides). Este líquido es producido en la próstata, un conjunto de glándulas que se encuentran alrededor de la uretra y/o conductos uretrales y que es expulsado por estimulación directa o indirecta de dichas glándulas. Precisamente debido a su ubicación en el conjunto anatómico femenino se las conoce también como glándulas uretrales o parauretrales. Este fluido es de color blanquecino/ transparente, y su olor y sabor, que no suelen ser muy fuertes, varía según la persona, alimentación, fase del ciclo menstrual, estado de ánimo, número de eyaculaciones en una misma sesión, etc.
Al contrario que en el caso del fluido lubricante, que se empieza a segregar a medida que empieza y aumenta la excitación, el líquido eyaculado se emite como clímax de una estimulación. Algo así como un orgasmo. De hecho en mucha literatura a la eyaculación femenina se la llama orgasmo aunque en realidad puede venir o no acompañada de éste. La sensación que produce una eyaculación (menos cuando hay algún bloqueo emocional) es muy placentera y puede diferenciarse de la sensación del orgasmo propiamente dicho.
También es cierto que en la mayoría de casos, la estimulación del clítoris y otras acciones destinadas a provocar el placer femenino suelen ayudar a que la mujer eyacule.

Y a modo de conclusión, una reivindicación: Bartolino, Falopio, Skene, Grafenberg (el del punto G)… ¿No te parece que hay demasiados hombres en nuestros coños? Por liberar al mío de tanta colonización elijo los nombres glánduals eyaculatorias, trompas uterinas, próstata, zona de estimulación prostática,…

[i] Lo veremos en detalle en un próximo artículo

[ii] a.n.e. (antes de nuestra era)

[iii] Citado en The History of Female Ejaculationjs. Sexual Medicine History. Joanna B. Korda, MD, Sue W. Goldstein, BA y Frank Sommer, MD. Institute of Men’s Health, Departamento de Urologia, University Medical Centre Hamburg-Eppendorf, Hamburg, Alemania; San Diego Sexual Medicine, San Diego, CA, USA

[iv] (n.e.) nuestra era