(Texto inspirado una noche, de corrido. Corrigiendo sólo las faltas de ortografía, quizás ni todas)
Mi clítoris esta allí escondido entre las piernas y protegido por los labios de la vulva… Escondido y protegido ¿Por qué? Yo creo que la diosa artesana alfarera que modeló el cuerpo de una mujer lo hizo aposta para que, sin prisa lo llamaras. Lo buscaras y recorrieras todo su cuerpo poco a poco con tus dedos, con tus labios, con tu lengua, con tu aliento, con tu nariz y tu olfato, tus pestañas, tus mejillas, con tus orejas, con tu pelo, con tu pecho, con tus manos, con tus brazos, tus antebrazos,…
para que buscaras y rebuscaras, lamieras y relamieras todo mi cuerpo hasta que las dos piernas se abrieran cual compuertas accionadas por ancestrales palabras secretas y entonces poooooco a pooooco, lentamente, por dentro del sendero secreto del muslo interior de mi cuerpo, caminaras con tus dedos, con tus labios, con tu lengua,.. poco a poco (repito hasta la saciedad), poco a poco, tímidamente, juguetonamente.
Avanzando, eso sí, implacable, con las ideas fijas, diciendo con tu mirada “tarde a temprano te voy a lamer, chupar, morder el clítoris. Te voy a hacer gritar desde las entrañas… Pero tarde o temprano. No tengo prisa. Voy a llegar al paso del sonido del tu voz y de tus jadeos. Y cuanto más profundos, más avanzaré.
Y si te distraes te amenazaré con una ataque directo y, cuando abras los ojos alarmada, yo me retiraré y entonces te relajarás y olvidarás, sumergida en tu nube de jadeos, que yo sigo avanzando implacablemente. Y cuando te des cuenta, tu clítoris estará lleno, gordo, hinchado en todo su esplendor, haciendo presión sobre los labios de tu vulva. Y tu vulva estará húmeda, roja, brillante, disponible, abierta anhelante… y entonces tus ojos se abrirán y me suplicarán, tócame, acariciarme, frótame estírame, muérdeme, lámeme y hazme estremecer.”
Y mis jadeos suben y suben de volumen. Mis mejillas están rojas y la punta de mi nariz transpira… suspiro, inspiro, jadeo, transpiro, grito, me estremezco, me quejo, aprieto, suelto, me arqueo, y tu frotas, muerdes, pellizcas, lames, succionas mi clítoris y, mirándome fijamente, metes tus dedos con fuerza, con contundencia, con amor, con pasión,… y buscas la pared de crestas y con todo tu arrebato arremetes contra ella una, dos, tres, decenas, centenares de veces.
No te cansas porque anhelas tanto como yo que un río de agua de vida de mi manantial brote desbordado y empape tu brazo, tus sábanas, tu universo. Y mis gritos empapen el universo y entonces… cuando yo ya cero que no puedo más te paras me besas suave y dulcemente, sientes mi cuerpo electrizado, los poros abiertos emanando energía, el vello de punta, calor… Y entonces me lames suavemente los labios, las piernas, las ingles, otra vez los labios, el clítoris,… Me lo mordisqueas, lo chupas, succionas,… y vuelvo a jadear en un lamento que pide misericordia y entonces entras en la cueva y mis paredes enamoradas te envuelven en un abrazo de amor y pasión, te absorben, te llevan dentro porque te desean dentro y desde mis entrañas nace un juramento que es por los siglos de los siglos Amen.
Amen, por favor, amen
A quien quieran
Siempre
Amen